lunes, 23 de junio de 2014

L

En estos días he llorado tanto, tanto, que sentía que me ahogaba, el dolor que te produce saber, que no tienes hambre y que por eso no tienes energía y no te sientes con fuerza para salir de casa, ha hecho que me hundiera en un pozo del que ahora mismo estoy intentando salir de manera descontrolada.

El, la persona en la que he confiado para todo todo este tiempo, que ha sido mi cómplice y mi amigo, me ha fallado. Las cosas que no se cuentan para ahorrarse un enfado y después salen a la luz, duelen. Que te mientan a la cara, duele. Que te nieguen lo que han visto tus ojos, duele. Intentar ser feliz ahora, duele. 


No puedo pensar en que pasará en adelante. Yo no imaginaba una vida apartada de su lado, pero al mismo tiempo, no imaginaba una vida abocada a discutir todas las semanas, a llorar sin encontrar explicación lógica. 


"Basta con que me pida perdón", pensaba. Pero es muy diferente, basta con que haga las cosas bien, con que me cuente las cosas igual que hacía yo, con que intentara que al cruzársele los cables no me afectara como para dejarme KO.


No imagináis lo que le he amado y de qué manera. Porque cuando nadie pensaba que con ese carácter se pudiera llevar adelante una relación más o menos estable, lo conseguimos. Cumplimos porque nos queríamos y deseábamos estar juntos. 


Rabia, frustración, dolor, siento que me estoy volviendo loca.